risk-taking1Cuando eras adolescente y estabas con tus amigos en lo alto de una roca frente al mar y tenían que decidir si saltar o no ¿Qué áreas cerebrales estaban jugando un papel principal para decidir arriesgarnos a saltar o no?... y si después nos íbamos a comer un helado y tenías que elegir entre chocolate o vainilla ¿Qué diferencia había entre tomar una decisión arriesgada y otra ambigua?.

Pues esta pregunta se la ha formulado el equipo Neuroriskad del Centro Neurocog de la Universidad de La Laguna, y ha desarrollado un paradigma de investigación donde se recrean las situaciones de la vida cotidiana más frecuentes e intensas durante la adolescencia para poder evaluar qué áreas cerebrales están implicadas en las toma de decisiones tanto de las situaciones donde podríamos tomar decisiones arriesgadas como en las situaciones de toma de decisiones ambiguas.

Para ello convocaron a 60 adolescentes, divididos al 50 % por género y equitativamente en 4 rangos de la adolescencia (temprana, media, tardía y juventud), y utilizaron una técnica de neuroimagen llamada fMRI que les permite observar que áreas cerebrales están utilizando  mientras se recrean este tipo de situaciones en la pantalla de un ordenador.

Los resultados mostraron que cuando los adolescentes se enfrentan a toma de decisiones que pueden implicar un riesgo se está activando el circuito neuronal del control cognitivo (cingulado anterior, Dorsolateral Prefrontal, orbitofrontales y la ínsula que están asociados a procesos emocionales). Es decir, tomar decisiones en situaciones de riesgo activa las áreas vinculadas en el control de la decisión con un impacto emocional (recuerden que nuestras decisiones son realmente emocionales y luego nos encargamos de buscar las razones que justifiquen nuestra decisión).

Pero lo más llamativo de este estudio es que también activaban áreas vinculadas a la cognición social como son los Temporoparietales, lo cual nos está indicando que los adolescentes están utilizando la teoría de la mente en sus decisiones. Esto quiere decir que los adolescentes están desarrollando habilidades para explicar o predecir el comportamiento de los otros y por lo tanto le atribuyen estados mentales independientes como son los pensamientos, las creencias y los deseos.

Este resultado nos muestra a un adolescente con un cerebro social en desarrollo, que valora y tiene en cuenta la opinión de los demás y cómo puede afectar su decisión a los amigos o compañeros, y se aleja de la concepción del adolescente insensato con escasas habilidades para tomar decisiones. Y es que la toma de decisiones durante la adolescencia implica abrirse a la sociedad y gestionar situaciones que están teñidas de elementos sociales que condicionan nuestra decisión, que nos obliga a los investigadores a cada día diseñar paradigmas experimentales más ecológicos que nos acerquen a la realidad de los adolescentes.

Así que la próxima vez que veamos a un adolescente tomando una decisión algo arriesgada, pensemos que su decisión ha sido sopesada en términos de coste cognitivo-emocional, pero también en términos de coste social.  Como dice el profesor Martin Loeches, “el ser humano es un primate muy social”, y este estudio parece ratificarlo. 

Para más información. Contactar con Iván Padrón (This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it.)

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